El Plasma Rico en Plaquetas (PRP) es un tratamiento innovador que aprovecha las propiedades regenerativas de tu propia sangre para mejorar la calidad de la piel y estimular la producción de colágeno. A través de un proceso de extracción y centrifugado, se obtiene un concentrado de plaquetas que se inyecta en áreas específicas del rostro o cuero cabelludo, promoviendo la regeneración celular y revitalizando la piel de forma natural.
El PRP es ideal para quienes buscan un tratamiento natural y seguro para el rejuvenecimiento facial y capilar. Se utiliza para:
El PRP capilar se ha convertido en un tratamiento eficaz para combatir la caída del cabello y mejorar la densidad capilar. Al inyectar el plasma enriquecido en el cuero cabelludo, se estimula el crecimiento de cabello más fuerte y saludable, activando los folículos pilosos en fase de reposo.
Al tratarse de un procedimiento autólogo, el riesgo de reacciones adversas es mínimo, convirtiéndolo en una alternativa segura para quienes buscan fortalecer su cabello sin recurrir a fármacos o tratamientos invasivos.
Para asegurar la mejor calidad del plasma y minimizar efectos secundarios, se recomienda:
El tratamiento con PRP comienza con la extracción de una pequeña cantidad de sangre, similar a un análisis de laboratorio. Luego, la sangre se procesa en una centrífuga para separar el plasma rico en plaquetas. Posteriormente, este concentrado se inyecta en las zonas a tratar con una aguja fina, ya sea en el rostro o cuero cabelludo. El procedimiento es rápido, dura entre 45 minutos y una hora, y no requiere tiempo de recuperación.
Los efectos del PRP son progresivos. En el tratamiento facial, los resultados iniciales pueden notarse a partir de las tres semanas, observándose una piel más luminosa, firme y rejuvenecida. En el caso del PRP capilar, la mejora en la densidad y grosor del cabello suele hacerse visible en un período de 3 a 6 meses, con un fortalecimiento progresivo de los folículos.
Para optimizar y prolongar los resultados, se recomienda un plan de sesiones periódicas, con mantenimiento cada 6 a 12 meses según la necesidad de cada paciente.